Desde tiempos muy remotos que el hombre ha comprendido que en su cerebro y en su propia inteligencia radica un gran poder. Los intentos que se han realizado por tratar de influir sobre esta capacidad son innumerables y van desde ingerir elaborados brebajes hasta el entrenamiento casi extremo de los yoguis y faquires sobre el órgano cerebral.
Lo cierto es que el hombre es un animal inquieto y desde que se elevó sobre sus patas traseras, ha caminado por la historia buscando respuestas para las muchas y variadas preguntas que se le han venido planteando. Una de ellas, a buen seguro la más importante, sigue todavía sin responder. ¿De dónde venimos?, ¿Cuál es nuestro origen?, ¿A dónde vamos?. Todas estas interrogantes siempre fueron respondidas bajo una lógica mística o religiosa, atribuyéndole a Dios ser el origen o el creador de todo cuanto existe y por tanto el fin último o el destino de nuestra existencia. Lo anterior ha llevado al hombre al incesante anhelo de querer entrar en comunicación o comunión con Dios bajo los más variados y extraordinarios rituales o ceremonias. Ejemplo de esto es la inhalación del humo de la hoja de coca por parte de los machis del antiguo imperio inca o el brebaje de la sangre de tapir en el caso de algunos indios de centro américa. También tenemos el caso de percusiones de instrumentos musicales y aparatosos bailes como las ceremonias Zulues en el África, donde el sentido del baile es en sí es el de sacudir frenéticamente la cabeza y dar giros a gran velocidad con lo que se alcanza un estado de gran desorientación y excitación.........
Lo cierto es que el hombre es un animal inquieto y desde que se elevó sobre sus patas traseras, ha caminado por la historia buscando respuestas para las muchas y variadas preguntas que se le han venido planteando. Una de ellas, a buen seguro la más importante, sigue todavía sin responder. ¿De dónde venimos?, ¿Cuál es nuestro origen?, ¿A dónde vamos?. Todas estas interrogantes siempre fueron respondidas bajo una lógica mística o religiosa, atribuyéndole a Dios ser el origen o el creador de todo cuanto existe y por tanto el fin último o el destino de nuestra existencia. Lo anterior ha llevado al hombre al incesante anhelo de querer entrar en comunicación o comunión con Dios bajo los más variados y extraordinarios rituales o ceremonias. Ejemplo de esto es la inhalación del humo de la hoja de coca por parte de los machis del antiguo imperio inca o el brebaje de la sangre de tapir en el caso de algunos indios de centro américa. También tenemos el caso de percusiones de instrumentos musicales y aparatosos bailes como las ceremonias Zulues en el África, donde el sentido del baile es en sí es el de sacudir frenéticamente la cabeza y dar giros a gran velocidad con lo que se alcanza un estado de gran desorientación y excitación.........
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